La obsesión por la estética y la imagen corporal es algo común en nuestra sociedad actual, donde se le da una gran importancia a la juventud, la belleza y la salud. Sin embargo, para algunas personas, esta obsesión va más allá y se convierte en una patología conocida como dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal. En este artículo, exploraremos en qué consiste esta obsesión, cómo afecta a la vida cotidiana y cuáles son sus causas y síntomas.
¿A quién afecta el trastorno dismórfico corporal ?
Esta obsesión por la estética y la imagen corporal afecta a personas que son más influenciables por los demás, especialmente a los jóvenes. Los medios de comunicación y la presión social tienen un papel importante en la difusión de estas influencias. Además, esta tendencia se ha igualado entre ambos sexos, siendo igual de común tanto en chicas como en chicos.
Cómo afecta la dismorfofobia a la vida cotidiana
El trastorno dismórfico corporal es más que una simple preocupación por la belleza. Se trata de una patología que incapacita a quienes la padecen, generando una intensa preocupación por los defectos de su físico que son prácticamente insignificantes para los demás. Esta obsesión ocupa gran parte del día de la persona, entre tres y ocho horas, y es muy difícil resistirse y controlarla. Además, quienes lo sufren desarrollan comportamientos y actos mentales como la constante comprobación de sí mismos de forma repetida y excesiva. Esta obsesión constante y el malestar que genera minan la autoestima y dificultan todas las áreas de la vida de la persona.
Tipos de dismorfofobia
Existen diferentes tipos de trastorno dismórfico corporal, uno de ellos es la dismorfofobia muscular o vigorexia. En este caso, la persona tiene una visión distorsionada de sí misma, percibiéndose débil y enclenque. Esto lleva a modificar su alimentación y realizar ejercicio físico excesivo, descuidando otros aspectos de su vida.
Causas y síntomas de la dismorfofobia
Esta enfermedad está relacionada con factores genéticos, fisiológicos y ambientales. Algunas de las causas pueden ser una baja autoestima, crecer en un ambiente donde se le da mucha importancia al físico, sentirse rechazado por alguna característica corporal y vivir en una sociedad superficial que valora la apariencia por encima de todo. Los síntomas principales son la alteración del pensamiento hasta el delirio y la percepción trastornada de sí mismo. La persona está convencida de tener un defecto físico que los demás no perciben o consideran insignificante. Además, se miran constantemente al espejo y preguntan reiteradamente a sus allegados sobre sus defectos.

Diagnóstico y tratamiento de la dismorfofobia
El diagnóstico de la dismorfofobia se basa en el perjuicio que causa en las demás áreas de la vida de la persona, como el trabajo, los estudios y las relaciones sociales. Para los casos más graves, se puede administrar un tratamiento psicofarmacológico. Sin embargo, la psicoterapia de orientación cognitivo-conductual es fundamental para que la persona afectada pueda enfrentar sus relaciones sociales sin centrarse en su apariencia física. Es importante que la sociedad tome medidas para reducir la prevalencia de este trastorno, fomentando una educación basada en el respeto a las diferencias individuales y valorando los aspectos más allá de la apariencia física.
El papel de los cirujanos plásticos ante el trastorno dismórfico corporal
Cuando una persona con trastorno dismórfico corporal acude a un cirujano plástico, es común que el especialista se dé cuenta de que el defecto que señala el individuo es imaginario y tienda a disuadir la intervención. Esto se debe a que la cirugía no suele mejorar la autoimagen del paciente y puede empeorar su obsesión por su apariencia física.
La obsesión por la estética y la imagen corporal puede convertirse en una patología que afecta a la vida cotidiana de las personas. La dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal es una enfermedad mental que genera una intensa preocupación por los defectos del físico, ocupando gran parte del día de la persona y dificultando todas las áreas de su vida. Es importante tomar medidas sociales y ofrecer tratamientos adecuados para reducir la prevalencia de este trastorno y promover una sociedad basada en el respeto a las diferencias individuales y los valores más allá de la apariencia física.
