Un absceso es una infección que se caracteriza por causar inflamación o acumulación de pus en un área de tejido cutáneo o subcutáneo. También puede darse en los órganos internos o entre sus cavidades. Estos pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y los más peligrosos son los que se forman internamente, ya que no son perceptibles a simple vista. Generalmente son producidos por bacterias. Los abscesos pueden aparecer a cualquier edad, son muy comunes, especialmente los cutáneos. Generalmente son leves, aunque la gravedad va a depender del tipo de absceso y su localización.
- Tipos de abscesos
- Causas de los abscesos
- Síntomas de un absceso
- Tratamiento de un absceso
- Pruebas complementarias en el tratamiento de un absceso
- Factores de riesgo de un absceso
- Complicaciones del tratamiento de un absceso
- Prevención de abscesos
- Especialidades a las que pertenecen los abscesos
- Consultas habituales:
- Cómo se quitan los abscesos cutáneos
Tipos de abscesos
Existen dos tipos de abscesos principales, aunque también existen otros que van a depender de su morfología y su localización, estos son:
- Absceso superficial o externo : estos se forman debajo de la piel, se distinguen porque son una masa firme, que está por romperse. Casi siempre duele, pero solo al contacto con la piel y inflamada. Esta masa está rodeada por un color rojo, a veces con una apariencia blanca amarillenta debido a la presencia de pus por debajo de ella (con el aspecto de un punto), y algunas veces exudan líquidos y pueden aumentar de tamaño. Cuando están en la superficie de la piel se ve como un grano y si está debajo de la misma se ve como un bulto. Los lugares en que estos aparecen con frecuencia, están la ingle, cerca del coxis, alrededor del ano, en el área de la vagina, en las encías o en las axilas principalmente.
- Absceso profundo o interno : estos se forman en los órganos internos o en los espacios que hay entre ellos y producen dolor local y al tacto. Aparecen cuando hay problemas en el estado de salud del paciente y puede indicar que un órgano está funcionando mal. Por ejemplo, una infección hepática puede causar un absceso hepático, o una infección pulmonar puede causar un absceso pulmonar… etc.
Los tipos más comunes de abscesos según su localización son: absceso cutáneo y subcutáneo, dental, amebiano hepático, batholiniano, cerebral, anorectal, glúteo, epidural, mamario, pulmonares, forúnculo, orzuelo, antrax, chalazión, paroniquia, periamigdalino, retrofaríngeo, garganta y panadizo.
Causas de los abscesos
La causa principal de los abscesos es una infección por bacterias como la Staphylococcus aureus y la Streptococcus pyogenes, y otros gérmenes que entran en el cuerpo y forman la infección. Para combatirla, el sistema inmunitario envía glóbulos blancos y estos junto con otras sustancias de desechos, se acumulan en la herida y forman el pus, es decir, un absceso, el cual en ocasiones es posible que no drene y que empiece a doler.

También es común que los abscesos se asocien a dificultades con el sistema inmune. Además, puede que se contagien por exponerse a un ambiente sucio y también por tener mala circulación.
Síntomas de un absceso
Los síntomas de un absceso van a depender si son superficiales o profundos. Los principales que podemos mencionar son: dolor, calor, hinchazón, dolor a la palpación y enrojecimiento, presencia de pus, fiebre, escalofríos, cansancio y malestar general.
Tratamiento de un absceso
El tratamiento fundamental para un absceso es el drenaje quirúrgico, que a veces puede ir acompañado de antibióticos.
Los abscesos externos o superficiales pueden resolverse con aplicación de calor y antibioterapia vía oral, sin embargo, su desaparición total suele requerir un drenaje. En ocasiones si son menores sólo requieren una incisión y un drenaje en la zona del absceso. Debe retirarse todo el pus, el tejido necrótico y los restos.
Puede ser necesaria la eliminación del espacio abierto (muerto) con un empaquetamiento con gasas o colocación de un drenaje para prevenir la reaparición del mismo.
Los abscesos profundos a veces pueden drenarse con la aspiración percutánea con una aguja (guiada por ecografía o tomografía computarizada), que puede evitar realizar un drenaje quirúrgico abierto.
Los fármacos antimicrobianos son generalmente ineficaces sin drenaje, se utilizan cuando la infección invade otras partes del cuerpo y para evitar que vuelvan aparecer. La indicación depende del patógeno probable que causa la infección y siempre debe ser guiada por un cultivo de antibiograma y las pruebas de sensibilidad microbianas, para saber cuál es el antibiótico adecuado para el absceso a tratar.
Pruebas complementarias en el tratamiento de un absceso
El diagnóstico de un absceso externo o superficial se hace con una evaluación clínica, un examen físico que realice el médico puede ser suficiente, pero en ocasiones se puede realizar una muestra de fluido para determinar qué tipo de microorganismo está causando el problema.
Para un absceso interno o profundo, además, se realizan pruebas especializadas. Las más comunes son: la ecografía, que no es invasiva y detecta muchos abscesos de los tejidos blandos, la tomografía computarizada, que es precisa en la mayoría de los casos, y la resonancia magnética que suele ser más sensible.
Factores de riesgo de un absceso
Los factores de riesgo que predisponen a un absceso van a depender del tipo de absceso y su localización. De forma general podemos mencionar: dieta desequilibrada, sistema inmunológico deficiente, la presencia de cuerpos extraños, necrosis tisular (gangrena), hematoma o acumulación de líquido en el tejido, traumatismos… etc.
Complicaciones del tratamiento de un absceso
Las complicaciones de los abscesos van a depender del tipo del mismo, los más comunes son:
- Diseminación bacteriana.
- Sangrado de los vasos erosionado por la inflamación.
- Alteración de la función de un órgano vital.
- Aumento de las necesidades metabólicas.
- Diseminación de la infección en la misma zona, a la sangre, y por todo el cuerpo.
- Muerte tisular (gangrena).
Prevención de abscesos
La prevención de los abscesos va a depender de la localización y la causa:
- Mantener una buena higiene personal.
- Los cortes y heridas deben estar limpios y secos.
- Alimentación sana y equilibrada para mantener el sistema inmunológico fuerte y así combatir mejor las infecciones.
- Control de las enfermedades asociadas.
Especialidades a las que pertenecen los abscesos
Los abscesos pertenecen a varias especialidades que los pueden tratar y que van depender del tipo y de su localización, es decir, un médico general puede tratar un absceso cutáneo superficial que no tenga ninguna complicación. Pero si hay que drenar o realizar cirugía lo debe tratar el dermatólogo, un cirujano general y en algunos casos, especialistas en infecciones.

Consultas habituales:
¿Qué es un absceso interno?
Un absceso interno es el que se forma en los órganos internos o en los espacios que hay entre ellos, y produce dolor local y al tacto. Aparece cuando hay problemas en el estado de salud del paciente e indica que un órgano está funcionando mal. Por ejemplo, una infección hepática puede causar un absceso hepático, o una infección pulmonar puede causar un absceso pulmonar… etc.
¿Qué es un absceso cutáneo?
Un absceso cutáneo es una acumulación de pus localizada en la piel como resultado de una infección bacteriana. Puede aparecer en cualquier superficie cutánea y en cualquier parte del cuerpo.

¿Qué es un absceso en el glúteo?
Un absceso en el glúteo es una acumulación de pus y de material infectado en la piel que se localiza en la región glútea o zonas adyacentes, es un tipo de absceso cutáneo y es bastante común.
¿Qué es un absceso en la garganta?
Un absceso en la garganta, también llamado periamigdalino porque se forman en las amígdalas, es un acumulación de pus detrás de las mismas o en lo lados de la garganta. En algunas ocasiones, las bacterias como Streptococcus y Staphilococcus que infectan la garganta proliferan y penetran profundamente en los tejidos circundantes, a lo que se le llama celulitis.
¿Cuál es el absceso más común?
Los abscesos más comunes son los cutáneos, ya que pueden aparecer en todas partes del cuerpo.
Los abscesos ocurren cuando se infecta un área de tejido y el sistema inmunitario del cuerpo trata de contenerla y combatirla. Los glóbulos blancos se mueven a través de las paredes de los vasos sanguíneos hasta el área de la infección y se acumulan dentro del tejido dañado. Durante este proceso, se forma el pus. El pus es una acumulación de líquidos, glóbulos blancos vivos y muertos, tejido muerto, al igual que bacterias u otras sustancias extrañas.
Los abscesos pueden formarse en casi cualquier parte del cuerpo. La piel, el área subcutánea y los dientes son los sitios más comunes. Los abscesos pueden ser causados por bacterias, parásitos y sustancias extrañas.
Los abscesos en la piel son fáciles de ver. Son de color rojo, elevados y dolorosos. Los abscesos que se forman en otras áreas del cuerpo puede que no se vean, pero pueden causar daño a órganos.
Algunos tipos de abscesos y sus ubicaciones son:
Cómo se quitan los abscesos cutáneos
Un absceso en la piel es la forma que tiene el cuerpo de intentar curarse de una infección. Los abscesos se pueden formar a partir de gérmenes, generalmente bacterias, que entran en el cuerpo y causan infecciones.
Cuando las bacterias entran en un corte, el sistema inmunitario del cuerpo envía glóbulos blancos para combatir la infección. Son precisamente los glóbulos blancos lo que se acumulan en la herida y forma el pus. Cuando el pus se acumula en una zona de la piel y no drena bien, se forma un absceso doloroso.
Por lo general, este tipo de infección está causado por un tipo de bacteria del género de los estafilococos. Las bacterias del género estafilococo (Staphylococcus) viven en la piel. El Staphylococus aureus y el Staphylococus aureus resistente a la meticilina (SARM) son las bacterias que suelen causar la mayoría de los abscesos.
Los abscesos suelen ser de color rojo, estar hinchados, calientes al tacto y pueden supurar líquido. Se pueden desarrollar en la capa más superficial de la piel, y verse como una herida que no se ha curado o un grano. Los abscesos que se forman debajo de la piel se pueden ver como un bulto inflamado. El área puede doler y ser sensible al tacto.
En los casos más graves, la infección puede causar fiebre y escalofríos.
El tratamiento fundamental para un absceso cutáneo es el drenaje quirúrgico. Esto implica hacer una incisión en el absceso para permitir que el pus salga. En algunos casos, también puede ser necesario tomar antibióticos para tratar la infección.
Es importante evitar exprimir o reventar un absceso en la piel, ya que esto puede empeorar la infección y aumentar el riesgo de complicaciones. Si tienes un absceso en la piel, es mejor buscar atención médica para recibir el tratamiento adecuado.
